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Tipos de documento

Traducción de contratos y poderes notariales

El contrato y el poder notarial son la forma escrita de voluntades que producen efectos jurídicos. El contrato establece las obligaciones recíprocas de dos partes; el poder, en cambio, otorga a una persona la facultad de actuar en nombre de otra. Los poderes se otorgan ante notario y, para los ciudadanos turcos que viven en el extranjero, los consulados cumplen también esa función.

7 min de lectura Actualizado: 14.07.2026

En esta familia de documentos la traducción no es transmisión de información, sino transmisión de derechos. Elegir mal un adjetivo o una conjunción puede ampliar el alcance de una facultad o suprimir una obligación. Por eso, en los textos jurídicos la fidelidad va antes que la fluidez.

La cuestión del alcance en el poder notarial

Los poderes se dividen en dos según su alcance. El poder general otorga facultades amplias; el poder especial se otorga solo para una operación determinada. Algunas operaciones, por ejemplo la venta de un inmueble, solo pueden realizarse con un poder que contenga una facultad expresa para esa operación; las fórmulas generales no se consideran suficientes.

En la traducción, las expresiones que determinan el alcance se abordan con precisión quirúrgica. Facultades como «ahzukabz», «sulh ve ibra» o «tevkil» son conceptos propios del derecho turco y cada una de ellas genera un derecho distinto. Reducirlas a una fórmula general del tipo «facultad para realizar los trámites necesarios» deja el poder sin función o, al contrario, lo hace parecer ilimitado.

Los datos de identidad del apoderado, la duración de la facultad y la revocabilidad del poder son también partes inseparables del texto. En los poderes para la venta de inmuebles figura la fotografía del poderdante; en la traducción se indica entre corchetes la presencia de esa fotografía. La revocación del poder, es decir el «azilname», es asimismo un documento aparte y su traducción exige el mismo rigor.

Poderes otorgados en el extranjero

Cuando una persona que vive en el extranjero quiere otorgar un poder para una operación en Türkiye tiene dos vías. La primera es otorgar el poder en el consulado turco del país en el que se encuentra; ese documento se redacta en turco y se utiliza directamente en Türkiye, sin necesidad de traducción.

La segunda es otorgar el poder ante un notario del país en el que se encuentra. En ese caso el documento estará en el idioma de ese país, se apostillará en el país de origen y en Türkiye lo traducirá un traductor jurado y pasará por la legalización notarial. La segunda vía es más larga, pero puede ser la única opción cuando no se consigue cita en el consulado.

En sentido inverso funciona la misma lógica: si un poder otorgado en Türkiye va a utilizarse en el extranjero, al tratarse de un documento notarial la apostilla se obtiene en la presidencia de la comisión judicial competente y a continuación se traduce al idioma de destino. Algunos países piden una segunda apostilla sobre la traducción; esta cadena debe planificarse desde el principio.

Bilingüismo y texto prevalente en los contratos

Los contratos comerciales internacionales se redactan la mayoría de las veces en dos idiomas. En estos textos, la cláusula más crítica es la que determina qué versión lingüística prevalece en caso de discrepancia. Si esa cláusula falta, hasta la diferencia más pequeña entre los dos textos puede convertirse en una larga discusión.

Al traducir hay que conocer desde el principio la existencia y el contenido de esa cláusula. Si el texto prevalente es el turco, el texto en el idioma de destino se considera meramente informativo y se prepara en consecuencia. Si el texto prevalente es el del idioma de destino, la responsabilidad es mucho mayor y la terminología debe elegirse conforme al régimen jurídico del contrato.

Los contratos incluyen además cláusulas de ley aplicable y de tribunal competente. Los nombres de país, ciudad y tribunal que figuran en esas cláusulas se trasladan tal cual. Si hay cláusula de arbitraje, el nombre de la institución arbitral y sus reglas también se conservan literalmente; los nombres de las instituciones no se traducen.

Anexos, bloques de firma y formato

Los anexos de un contrato son tan vinculantes como su cuerpo. Las listas de precios, los pliegos técnicos, las tablas de nivel de servicio y los anexos de confidencialidad suelen ir en archivos separados y se citan en el cuerpo del texto como «Anexo 1» o «Anexo 2». Traducir solo el cuerpo deja fuera la parte medible del contrato.

Los números y los títulos de los anexos deben coincidir exactamente con las remisiones del cuerpo. Si el nombre de un anexo cambia en la traducción, la remisión del cuerpo queda en el vacío y el texto se vuelve incoherente consigo mismo. Lo mismo vale para la numeración de las cláusulas; la numeración se conserva y no se fusiona.

Los bloques de firma también forman parte del texto. La denominación de las partes, el nombre y el cargo de quien firma, y la fecha y el lugar de la firma se trasladan íntegramente. Los textos de los sellos se describen entre corchetes. Si en lugar de firma manuscrita se ha utilizado firma electrónica, se hace constar expresamente.

Cuando se conservan la estructura de las páginas y la numeración de los párrafos, los textos en los dos idiomas se encuentran en el mismo punto cuando las partes remiten a una cláusula concreta. Si surge una discrepancia, esa correspondencia se convierte en el beneficio más tangible de la traducción.

Coherencia terminológica y términos definidos

Los contratos bien redactados llevan al principio un apartado de definiciones: términos como «Vendedor», «Comprador», «Producto» o «Fecha de entrega» se escriben con inicial mayúscula y se usan siempre con el mismo sentido en el resto del texto. En la traducción es obligatorio fijar estos términos definidos en un único equivalente.

Traducir el mismo término de forma distinta en cláusulas distintas crea la impresión de que en el contrato hay dos conceptos diferentes. En los contratos largos esta coherencia solo se consigue con una lista de términos; si el texto se divide y lo traducen varias personas, la lista resulta aún más crítica.

En los contratos comerciales aparecen también las abreviaturas internacionales de entrega y de pago. Estas abreviaturas son estándar en todo el mundo y no se traducen; se dejan tal cual. Los importes, las divisas, los vencimientos y los tipos de interés de demora son, en cambio, el terreno en el que la exactitud numérica resulta más delicada.

En los contratos largos se repiten además fórmulas fijas: las cláusulas de fuerza mayor, resolución, confidencialidad y cesión están en casi todos los textos. Usar los equivalentes consagrados de estas fórmulas hace el texto legible y jurídicamente familiar; ensayar cada vez una expresión nueva genera dudas innecesarias en las partes.

Finalidad y nivel de certificación

Documento y finalidadLugar de otorgamientoNivel de certificación
Poder para un trámite en TürkiyeConsuladoNo hace falta traducción
Poder que se usará en el extranjeroNotarioNotarial + apostilla
Poder para la venta de un inmuebleNotario (con fotografía)Notarial + apostilla
Contrato comercial internacionalEntre las partesJurada y, si hace falta, notarial
Contrato que se presentará ante un tribunal extranjeroEntre las partesNotarial + apostilla
El alcance del poder se determina junto con el notario según la operación que vaya a realizarse.

Diferencias según el país

En Francia el traductor debe figurar en la lista oficial de un tribunal de apelación; no se acepta una traducción ajena a esa lista. En Rumanía se exigen conjuntamente un traductor autorizado por el Ministerio de Justicia y la legalización notarial, es decir, dos capas obligatorias. En China, en cambio, la traducción debe realizarla una empresa registrada oficialmente y con sello propio; la declaración de un traductor individual no se considera válida. Las condiciones país por país, en nuestra guía de países.

Errores frecuentes en los textos jurídicos

  • Fundir en fórmulas generales las facultades especiales del poder.
  • Traducir los términos definidos con equivalentes distintos a lo largo del texto.
  • Pasar por alto la cláusula del texto prevalente y valorar mal la responsabilidad en un contrato bilingüe.
  • Traducir los nombres de los tribunales, de las instituciones arbitrales y de las empresas.
  • No incluir en la traducción el número de protocolo notarial, su fecha y el texto del sello.
  • Intentar apostillar el poder en la gobernación provincial; un documento notarial es un documento judicial.

Revisemos el texto antes de la firma

En los textos jurídicos, la intervención más valiosa es la que se hace antes de firmar el documento. Aclarar desde el principio qué facultades debe contener el poder y qué versión lingüística prevalecerá en el contrato es mucho más eficaz que las correcciones posteriores. Encontrará los idiomas de destino en nuestra página de idiomas y nuestras condiciones de trabajo en nuestra página de precios, y puede compartir su borrador a través del formulario de presupuesto.

Esta página tiene carácter informativo; el formato del documento y la cadena de certificación varían según el país en el que se realice la operación. Conviene que compruebe los requisitos vigentes en una fuente oficial.

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